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Estarás de acuerdo conmigo en que la fórmula ha cambiado. Durante años parecía que hacer una buena campaña consistía en enseñar una vida perfecta. - Una casa perfecta. - Un coche perfecto. - Un café perfecto. - Un feed perfecto. Y funcionaba, funcionaba muy bien. Pero hoy competimos por algo mucho más difícil: la atención. Y la atención ya no se gana solo con imágenes bonitas, se gana cuando consigues que alguien deje de hacer scroll. Por eso cada vez me fijo más en cómo piensan algunas marcas. Jacquemus podría presentar una colección en un plató impecable. En cambio, decide hacerlo en un faro, en un campo de lavanda o en medio de una cantera. ¿Por qué? Porque la localización deja de ser un fondo y pasa a formar parte de la historia. El contraste genera curiosidad y el contexto construye significado. Por consecuencia, la campaña deja de ser un catálogo para convertirse en algo que recuerdas. Apple tampoco vende cámaras. Cuando lanza "Shot on iPhone", no está hablando de megapíxeles. Está demostrando que cualquiera puede crear algo extraordinario. Patagonia lleva años recordándonos que una marca puede incluso decirte que compres menos, si eso refuerza aquello en lo que cree. Tres sectores completamente distintos y tres formas diferentes de comunicar. Pero una misma idea: ya no compiten por tener el contenido más bonito. Compiten por tener la idea más difícil de ignorar. Creo que ahí está el cambio. Y, de hecho, es una conversación que tenemos cada vez más en Storimake. Cada vez nos preguntan menos por la cámara que vamos a utilizar o por el número de vídeos que vamos a entregar. Las preguntas importantes llegan antes. - ¿Qué queremos que sienta quien vea esto? - ¿Qué historia merece la pena contar? - ¿Dónde tiene sentido contarla? Porque cuando esas preguntas están bien respondidas, la producción deja de ser un gasto y empieza a convertirse en una herramienta de marca. Las cámaras son cada vez mejores, la inteligencia artificial hace más accesibles muchas tareas.. Producir contenido nunca había sido tan fácil. Lo difícil sigue siendo tener una idea que haga que alguien se detenga. Porque al final, las personas no recuerdan un plano, recuerdan cómo les hizo sentir. Y ahí es donde, creo, empieza de verdad el trabajo creativo.